¿Que qué diantres hace un ateo como yo felicitando las fiestas navideñas al resto de co-internautas? Bueno, la respuesta a esto es fácil.
Por primera vez, desde que tengo uso de razón, durante la celebración de la Navidad en medio planeta, ha ocurrido algo realmente digno de un brindis y el lanzamiento de unos deslumbrantes fuegos artificiales: el Senado estadounidense ha dado luz verde a la reforma sanitaria de Obama.
¿Y qué significa tal cosa? Pues, que si nada lo estropea, y la cosa es ya imparable, Estados Unidos va a tener por primera vez en su historia una atención sanitaria a la que todo el mundo va a tener acceso. Algo que parece tan básico y fundamental para nosotros, es realmente toda una novedad en un país que interpreta el derecho a estar sano de cualquier ciudadano como un síntoma del peor pecado que se puede cometer en Estados Unidos: el socialismo.
No ha sido una senda fácil la que se ha tenido que recorrer: varios presidentes, incluyendo al mismísimo Roosevelt intentaron en el pasado una reforma que diese a su país un sistema sanitario digno de cualquier país civilizado. No se consiguió por distintos factores, entre ellos la profunda crisis económica en que se sumió la nación durante la primera mitad del s.XX. Tampoco ayudó el hecho de que tras la fábula de una sanidad pública en condiciones, a los norteamericanos les resuenan ciertos ecos de socialismo (de la forma en que lo entienden ellos, claro) y de un progresismo que se lleva bastante mal con la exaltación del individualismo y las pocas ganas de compartir su trozo de pastel, marca que identifica la genuidad de los valores de los estadounidenses.
La reforma que por fin parece que está consiguiendo materializar Barack Obama, está inspirada, según decía Pajín, en la sanidad pública española. Puede que algo haya de cierto, aunque el tema es más complejo, ya que no existirá una sanidad pública como tal.

Más allá del caso concreto del estado de Massachussetts, que va por libre desde que acometiera su propia reforma sanitaria en 2006, en Estados Unidos ya existen varios programas de ayuda sanitaria para intentar cubrir las necesidades de los ciudadanos (Medicare y Medicaid, pero tienen profundas deficiencias y al gobierno le está costando inyectar fuertes sumas de capital cada vez mayores). A pesar de todo, EE.UU. es quizás el país que más invierte en sanidad per cápita (teniendo siempre en cuenta los sueldos como referencia porcentual). Es evidente que si gastan más que nosotros y tienen entre 30 y 40 millones personas sin acceso a ningún sistema sanitario, es que algo estaba fallando.
Lo que en esencia va a permitir a partir de ahora esta reforma es que, mediante un sistema de subvenciones que cualquier ciudadano recibirá del Estado, cualquiera podrá tener acceso a un seguro médico, ventaja en la actualidad vetada a millones de personas por diferentes motivos. Aparte de la ayuda económica que garantice seguro médico para todos, la nueva reforma obliga a que las aseguradoras médicas no puedan negarse a realizar contratos con quien lo solicite. ¿Suena increíble? Pues es exactamente así. Estas empresas cometen auténticos abusos, como negarte el seguro si ya estás realmente enfermo, subirte la cuota si tu salud empeora, o retirarte la cobertura si pierdes tu trabajo.
Se supone que ahora el Estado podrá intervenir (palabra que le hará poner los pelos como escarpias a más de uno que me viene a la mente) en la forma en que las aseguradoras médicas establecen la relación con los ciudadanos, se supone que siempre con la idea en mente de favorecer a estos últimos.
¿Qué pasará a partir de ahora?
De momento, la reforma tiene que materializarse de forma definitiva, ya que de momento se ha aprobado por separado, en la Cámara de Representantes, primero, y en el Senado, después, y ahora aún falta consolidar las propuestas aprobadas.
Si todo continúa como es de esperar, la nueva reforma empezará a entrar en vigor a partir del 2014. Mientras tanto, Estados Unidos se tiene que preparar para tres cosas básicas, a saber: primera, cómo afrontar los profundos cambios estructurales que esta reforma inflijirá en el país y en su economía, y por supuesto cómo absorber a más de 30 millones de no-asegurados sin disparar el déficit; segunda, cómo asumir por parte de las clases medias y altas, que a partir de ahora las personas de clases inferiores van a reclamar en todos los contextos que, por si a alguien se le había olvidado, ellos también son personas y que van a tener que compartir los hospitales con ellas, en lugar de dejarles morir en la puerta; y tercero, y esta es la que más me gusta; señores norteamericanos, léanlo bien y asuman la idea: llámenlo política social, llámenlo progresismo (palabro usado históricamente para referenciar tendencias que en cualquier otro lugar del mundo se habrían llamado "de izquierda"), o llámenlo como deseen, pero ustedes están empezando a hacer socialismo.
¡Feliz Navidad!
(Dedicado con cariño a todos los hipócritas fascistas que, al estallar la crisis mundial, dejó de parecerles mal la intervención del Estado para salvar sus culos inyectando capital).
Será entonces,una felíz,extensa,Navidad.
ResponderEliminarEntiendasé por ésto: Felíz-extensa-Navidad.
Para el 2014 con un poco de suerte reducen los 30 por 15.
Así que a los "terminales": Lo sentimos mucho,pero disfruten hasta EXTENSA!!!