miércoles, 31 de mayo de 2017

No, no tengo que respetar tu opinión

Cada vez es más frecuente que en cualquier discusión o conversación pública en Internet, algunos contertulios decidan imponer su criterio apelando a una especie de derecho inventado por el cual su opinión debe ser respetada, sin importar qué tipo de sustento tenga, qué argumentos se hayan aportado o cuál sea su grado de razón.

No, veamos. Vamos a dejar las cosas claras.

Tu opinión no tiene, necesariamente por qué ser respetada. Las opiniones, como cualquier otro dato o conocimiento, debe siempre someterse al juicio de la razón y nunca debe prescindirse de la duda como herramienta racional.

"Pero yo tengo derecho a decir mi opinión y es tan respetable como la tuya"

Verdadero a lo primero, y falso a lo segundo.



Lo que siempre es respetable y se debe defender a muerte es el derecho que todos los seres humanos, sin excepción alguna, tenemos al ejercicio de la libertad de expresión.

Sin embargo, el que dicha opinión sea respetable (y por tanto yo no me burle de ella) dependerá en gran medida de la calidad de dicha opinión. Porque sí, no es igual de buena la opinión de cualquiera.

Por ejemplo, mi opinión como matador de toros probablemente sea malísima, porque yo no sé absolutamente nada de torear y tampoco tengo el mínimo interés en ello (práctica que además detesto y deseo que sea abolida).

De la misma manera, la opinión a favor de la Homeopatía que venga de una persona que ni siquiera conoce los fundamentos más básicos de la química que se estudia en básica (más concretamente el número de Avogadro) será una opinión absurda, desinformada y totalmente sin ninguna validez. Y por tanto no hay motivo para respetarla.

Eso sí, como una señora dijo en cierta ocasión, daré mi vida por defender tu derecho a dar tu opinión por estúpida que ésta sea.

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